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El apartamento de Roberto Cano en imágenes
 
   
Sebastián Jaramillo

Velocidad

Este espacio 
es uno de los lugares que más frecuenta el actor, y por cierto, uno de los que más disfruta.
 
   
 
Roberto Cano... Media docena de pinturas de su autoría, accesorios heredados de su familia, recuerdos de viajes y más de una docena de cajas de herramientas, resumen el encanto de este espacio que el actor ha embellecido con su trabajo y su talento. Ver nota completa»

 La primera impresión, muy buena. Un lugar de cerca de 70 metros cuadrados que logra llamar la atención con sus detalles no tan numerosos pero sí muy acertados; sin lugar a dudas los lienzos se roban todas las miradas.

¿Me gusta la comodidad. Todo lo he puesto pensando en que reinen el confort y la funcionalidad. Por eso no tengo comedor; disfruto mucho comer en otros sitios del apartamento así que omití ese ¿detalle¿¿, cuenta el actor.

Y claro. Un hombre que además de actuar, pinta y diseña, necesita un lugar inspirador, es decir, que tenga espacios ¿limpios¿ y con estilo propio, como este, donde la lista de detalles es corta pero significativa.

Un paso al interior y la mirada queda fija sobre el hall de la entrada y un pasadizo corto que da al estudio y la habitación. Dos pinturas con representaciones de indígenas son el atractivo, pero una vez está la oportunidad de acercarse, salta a la vista el lienzo más grande y más querido por Roberto. Ahí, es necesario detenerse.

El recorrido en el estudio y la habitación queda aplazado. Primero, hay que sentarse en uno de los sofás de la sala y conocer los detalles de ese lugar que recibe las visitas.

La pintura que invita a pasar a ese espacio muestra un indígena Kogui ¿tribus que habitan la Sierra Nevada de Santa Marta-. Justo debajo, hay un mueble de piso en madera oscura ¿diseñado por el actor- con un teatro en casa, que por cierto no funciona muy bien; el actor es experto en desarmar objetos y ese fue uno de los tantos.

Un paso atrás, media vuelta y quedan al descubierto varios ¿tesoros¿ del actor. Los sofás de colores, producto de una compra inusual, dan una apariencia muy llamativo a esa zona del apartamento; el tapete, comprado en una feria artesanal, define los ¿rasgos¿ indígenas de la decoración; los accesorios sobre la mesa de centro ¿uno obsequiado por Carlos, único hermano de Roberto y el otro, hecho por la mamá del actor-, hacen parte de los innumerables recuerdos que tienen lugar en su hogar.

Pero ahí no termina la lista. Se puede decir incluso que esta zona social es el escenario de la casi totalidad de recuerdos y regalos. Un vistazo a la chimenea y no hay un solo tronco de madera; en lugar de eso, se encuentra un cajón de madera que tiene más de 30 años y al interior de este, una docena de botellas de gaseosa.

Sobre los envases, un plato de cobre que Roberto tomó de la casa de su abuela. Sobre la chimenea, un radio de color rojo que Roberto guarda desde que era solo un niño; en el piso, tres de trozos de guadua  y un par de tallas en madera traídas de  República Dominicana. Justo al lado, tres sillas que diseñó la mamá del actor hace más de siete años. Y por si fuera poco, sobre una de las butacas reposan dos imágenes religiosas que según él, hacen parte de esos objetos de mucho valor.

Por supuesto, una de las cosas que encabeza la lista de prioridades ¿en términos decorativos- es la pintura. No puede habar tantos accesorios y recuerdos si no hay más de un lienzo. Por eso, sobre cada pared de la sala hay una representación de alguna cultura indígena de suramérica.

Por ejemplo, la pared frontal de la sala está embellecida por una pintura con el rostro de una indígena; vista de cerca, son solo pinceladas negras y cafés, pero si se observa desde atrás, lo que eran ¿caprichosos¿ pincelazos, se convierte en una mujer de tez oscura y cabello ¿azabache¿.

La siguiente pintura, al lado de la ventana siempre cerrada, es una figura ¿indeterminada¿ pero que también tiene que ver con esa gran afición con la cultura indígena.

Claro. Los objetos tan preciados para Roberto no solamente embellecen las paredes, sino también el suelo ¿eso se hizo evidente en el recorrido por la sala-. A un costado del sofá amarillo, sobre la alfombra y casi escondidos, una escultura en cerámica ¿recuerdo del abuelo-, un premio India Catalina, un carro de juguete y una pieza algo confusa de un vehículo.

Camino a la privacidad
Llega la hora de retomar el recorrido del inicio. El pasadizo que lleva al estudio y la alcoba tiene como pieza principal un par de pinturas; una de ellas representa un indígena del Amazonas y la otra, un Kogui.

Un paso adelante y está el estudio. Sobre la pared frontal, retratos de los actores más admirados por Roberto. Justo debajo, su impresora y un cúmulo de libretos de televisión. A lo largo de la mesa, papeles, teléfonos y su ¿incondicional¿ portátil en el que guarda todos sus diseños y la casi totalidad de recuerdos, porque además de la larga lista de talentos, hay cabida para la fotografía.

En un rincón de ese estudio están las cajas de herramientas. Solo dos de ellas tienen esa apariencia porque el resto corresponden a cajas de munición que él utiliza para guardar toda clase de cintas, cables y todo lo que en una casa no siempre hay, pero el gusto por armar y desarmar, justifica tal particularidad.

Eso sí, el equipo de pintura tiene lugar en el clóset, lejos de las cajas de munición y muy cerca de otras pertenencias.

Un paso afuera y está la entrada a la alcoba de Roberto. El elemento más llamativo es un baúl en cuero que pertenecía a la abuela del actor y que ya cumple 50 años. Al lado, una cama grande, cómoda y con muchas almohadas.

Sumado a eso, un televisor grande sobre un mueble en madera clara, un perchero atiborrado de chaquetas y un mueble en el que reposan un par de cascos; uno de ellos diseñado por Roberto y con un nombre bien particular: el sombrero vueltiao. De hecho, esa denominación viene del los colores y formas tan similares al conocido sombrero de las regiones costeñas de Colombia.

En fin. Esa lista de detalles, describen el espacio más frecuentado y querido por el actor bogotano. Basta un recorrido para saber que su talento no solo ha sido evidente en la pantalla chica en producciones como La mujer del Presidente, Siete veces Amada, Pobre Pablo y Zona Rosa, sino también en cada rincón de su hogar.

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