“Los cambios en pisos, paredes y techos –conservando la estructura original– siempre son un reto que va más allá de la moda y de lo estético”, explica el arquitecto Francisco Calderón Zuleta, quien agrega que si bien esa tendencia busca embellecer las viviendas o las oficinas con nuevas alfombras, superficies en mármoles o madera, paredes en mampostería, pinturas especiales, nuevos cielorrasos con cenefas, e iluminación indirecta y luces halógenas, también es cierto que es un proceso en el que se asumen riesgos.
“En cualquier uso, la estructura que se va a actualizar debe regirse –como gran requisito– por el Código Sismorresistente. De esa manera detalles como el reforzamiento de columnas y placas, entre otros, tendrán que evaluarse con detenimiento para garantizar la seguridad de la obra”, anota Calderón.
Cambios básicos
- Infraestructura en la vivienda: al conservar las tuberías –posiblemente en hierro fundido con diez o quince años de antigüedad– posiblemente se generarán fugas, presentarán corrosión o, en el peor de los casos, estallarán.
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Hoy, la instalación de las tuberías de gas natural en cocinas y baños, tan usual en los edificios modernos por economía y funcionalidad, obligará a romper los pisos, y tumbar las paredes y los techos remodelados para acometer los nuevos ductos, los tubos y los cables.
Un asesor profesional es importante
Arquitectura o ingeniero, debe estar en capacidad de acometer las obras integralmente con acabados, especificaciones e infraestructura. “La lección –según Calderón– es que es un error dejar está responsabilidad en manos inexpertas”.
En las oficinas
La tendencia ha variado, pues se trata de convertir los edificios, originalmente diseñados para usos diferentes como vivienda e institucional, en oficinas inteligentes donde los espacios están limitados por estructuras convencionales, cuyas luces –entre otros elementos– no son aptas para este uso.
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Las alturas para vivienda son mínimas: entre 2,20 – 2,30 metros, lo que hace imposible que se monte un piso o cielo raso falso, como lo requiere la tecnología actual; esto hace difícil la conducción del aire acondicionado, del cableado estructurado o la iluminación adecuada; incluso, dificulta la expansión de ductos eléctricos y mecánicos.
- “Los trabajos requieren el conocimiento del profesional, pues de esa forma se garantiza el funcionamiento adecuado en el nuevo destino u objetivo (en el caso de la vivienda) y se logra amortizar la inversión en los siguientes diez años hasta que su infraestructura vuelva a presentar las fallas o se atrase tecnológicamente”, concluye Calderón.