Área, precio y ambiente natural son algunas de las razones que motivan a los compradores de vivienda campestre a invertir en la Sabana de Bogotá.
Son, en su mayoría, altos ejecutivos y empresarios que les han apostado a los municipios con vocación eminentemente agrícola -Bojacá y Cota, por ejemplo-, y a los alrededores del aeropuerto de Guaymaral donde la construcción también es fuerte.
Precisamente, por ser una creciente zona de colegios para estrato alto, el sector de Guaymaral volcó su antigua vocación agrícola a la del uso residencial.
En la vereda La Balsa de Chía -por ejemplo-, se destacan los conjuntos pequeños aunque hay algunos de 50 unidades donde los diseñadores y arquitectos aportan a la transformación urbanística con la implementación de técnicas de ahorro poco tradicionales como la recirculación de aguas lluvias y el uso de materiales ecológicos.
El área de las casas oscila entre 180 y 350 metros cuadrados y aunque hay diferencias en los diseños, en muchas las cubiertas a dos aguas en teja española (con su color terracota) y los servicios complementarios como minimercados y gimnasio son la constantes.
Así, los lotes van entre 300 y 1.000 metros cuadrados. Aunque en lugares como Sopó y La Calera son aún más generosos y pueden variar entre 1.500 y 2.500 metros.
Allí, el precio por metro cuadrado bordea los 85.000 pesos, aunque hay puntos -especialmente los más cercanos a la cima de los cerros- donde media fanegada (3.200 metros) vale entre 150 y 180 millones de pesos.
Estos conjuntos de lotes también ofrecen valores agregados como lagos ornamentales (poco profundos) y de pesca, refugios con chimenea, salones de juegos, golfito, club house con solarium y zonas húmedas con piscina y baño turco y canchas de tenis, fútbol y hockey.
Por su parte, el metro cuadrado de construcción puede costar entre 1 y 1,5 millones de pesos dependiendo de los acabados y la cercanía a las vías principales. Un dato: entre más alejado esté el predio de la Carretera Central del Norte es más costoso.
No olvide la administración
A la hora de comprar vivienda campestre, no se puede olvidar que mantener este tipo de bienes implica -además- el pago de administración y que, entre más servicios comunes, más alta será la cuota mensual:
- En Chía, los constructores consideran que puede oscilar entre 250 y 300 mil pesos para el primer año.
- En sitios como Sopó y La Calera, se calcula que por una casa de 200 metros la cuota mensual es de 600.000 pesos. Si el conjunto tiene club, la cifra puede rondar los 1,6 millones de pesos.
Arquitectura y acabados de lujo en las casas campestres
En general, la casa ocupa 33 por ciento del terreno y, para empezar, los parqueaderos (anexos al depósito) están a pocos metros de la entrada principal. En algunas obras les adicionan una segunda planta a los parqueos y la destinan a un pequeño espacio de entretenimiento.
Un camino empedrado o adoquinado guía a la entrada, donde una puerta de casi dos metros de ancho permite el acceso.
El 'hall' de bienvenida -que normalmente tiene un baño social- conduce a la primera planta donde está la sala con chimenea y una de las mejores vistas de la unidad, que se destaca -aún más- con los ventanales de pared a pared y la doble altura enmarcada con la caída del techo a 'dos aguas'.
Luego está el comedor y el respectivo acceso a la zona de servicio.
En la cocina es tradicional -como en los diseños urbanos- el mesón en granito negro que divide (o agrupa) la zona social de la línea de preparación de alimentos.
Este tiene un acceso al ambiente exterior que más se destaca: la terraza para el BBQ.
Al final de la cocina está el cuarto de la despensa y se abre paso el cuarto y baño del servicio junto a la zona de ropas, que en la mayoría de los casos está enchapado en porcelanatto.
En la segunda planta están las habitaciones. La principal tiene un área generosa, el 'walking closet' y un baño con luz natural que también permite disfrutar del paisaje exterior mientras se ducha.
La madera -especialmente la laminada- es protagonista. Allí, el ladrillo a la vista contrasta con las paredes blancas y las puertas sin dintel (de piso a techo) que prolongan visualmente la altura. En los baños la novedad es la pintura blanca sobre el pañete.