"Soy tu madre.
"Vengo a pedirte el favor de que me acompañes a vender la casa".
No tuvo que decirme cuál, ni dónde, porque para nosotros sólo existía una en el mundo: la vieja casa de los abuelos en Aracataca, donde tuve la buena suerte de nacer y donde no volví a vivir después de los ocho años.
"(Salimos) con treinta y dos pesos en efectivo que nos alcanzarían apenas para regresar si la casa no se vendía en las condiciones previstas".
Gabriel García Márquez, fragmento de su autobiografía 'Vivir para contarla'.
Esa, la casa del abuelo Nicolás donde nació y pasó sus primeros ocho años, renacerá de las ruinas y los recuerdos.
Con más de un siglo de cambios, la casa natal del maestro Gabo en Aracataca se reconstruirá tal cual él la conserva en su memoria de niño, incluyendo el mobiliario.
¿Cuál es la razón de que el Ministerio de Cultura quiera invertir 1.200 millones de pesos en esta obra?
Simplemente que los colombianos puedan entender cómo influyó el ambiente creado por el hombre más importante de la vida del Maestro (el coronel Márquez) y la abuela Tranquilina, con sus presagios y relatos legendarios, en su vocación de escritor y su narrativa fantástica.
El único Nobel colombiano ha repetido que vivir sus ocho primeros años de existencia en esa casa blanca -donde podía suceder cualquier cosa fantástica- fue suficiente para inventar cosas. Por ejemplo, allí la tía guardaba las llaves del cementerio y era un hogar de paso pues de Aracataca salía el tren a Santa Marta.
El Maestro sólo volvió 23 años después para acompañar a su madre a venderla.
"La arquitectura de la época era muy modesta, hecha de bahareque, madera y tierra con techo pajizo, una tendencia que impulsó la llegada de la United Fruit Company pues era la usada para la vivienda de sus colonos", explica Juan Carlos Rivera, ingeniero restaurador, quien planteó el proyecto.
El punto de partida fue hacer excavaciones para encontrar las bases de las estructuras pues actualmente no se conserva nada de todo aquello que se plasma en la autobiografía Vivir para contarla.
Para reproducir fielmente los ambientes fue necesario acudir a la tradición oral y a la memoria de quienes vivieron allí.
"También se usó la escritura de englobe con el predio que se convirtió en el patio de enfrente porque detallaba algunas mejoras previas que adelantó el Abuelo", comenta Rivera, quien hizo equipo con los arquitectos Ernesto Moure y Patricia Caicedo.
De los 1.261 metros cuadrados del lote, la casa natal, el cuarto de los indios guajiros, la tienda y el auditorio apenas ocupan 500 metros para dejar 726 metros de área libre.
Este experto en patrimonio enfatiza en que este es un ejemplo clásico de que en Colombia las casas crecen con la llegada de nuevos miembros de la familia, casi modularmente, y que la autoconstrucción es una técnica espontánea y que satisface las necesidades del hogar.
La fachada es la única mejora que se conservará de aquella joya de antaño.
Ahora el reto es levantar los dos bloques que componían la casa pero mejorando las técnicas para que la obra no se deteriore y permanezca junto al montaje museográfico y el mobiliario que costarán 200 millones más.
Tal como lo relató en Cien años de soledad, la obra que le mereció el Nobel "dispuso que se construyeran nueve dormitorios con ventanas hacia el patio y un largo corredor protegido del resplandor del mediodía por un jardín de rosas, con pasamanos para poner macetas de helechos y tiestos de begonias.
Y esta semana "la primitiva construcción de los fundadores se llenó de herramientas y materiales, de obreros agobiados por el sudor, que le pedían a todo el mundo el favor de no estorbar, sin pensar en que eran ellos quienes estorbaban".
Madera y paja en la zona social
El primer módulo se construirá en madera de Abarco para la estructura; y en ceiba para las paredes.
La cubierta será de fibrocemento y manto asfáltico para hacerla resistente a la intemperie y luego se recubrirá con paja (tanto por encima como por abajo) para que se vea igual que en la época.
La madera que se usará estará tratada mediante procesos ignífugos (para retardar el daño en caso de incendio) e inmunizaciones químicas para evitar los ataques biológicos y la degradación por hongos y la humedad.
En esta parte de la casa estarán, nuevamente, el taller donde el abuelo fabricaba los pececitos de plata, el cuarto de hospital, el comedor, la sala de recibo tan concurrida gracias a la cercanía con la estación del tren y la despensa.
En estas zonas sociales y comunales se invertirán 223 millones de pesos.
Bloque y cemento
En el segundo módulo -que será de 'material' (bloque y cemento) y costará 260 millones- estarán los espacios privados. La oficina del abuelo, la sala de visitas, la habitación de los abuelos (que le pidieron a Luisa que diera a luz en Aracataca) hacen parte de esta sección.
También el cuarto de la cuna donde casi no nace el bebé Gabo, pues venía enredado en el cordón umbilical y la partera estaba ebria esa noche.
Así mismo, el cuarto de la prima Sara Emilia, el cuarto de los
trastos que tanto miedo infundía en el pequeño y el cuarto de los indios guajiros.
También se adecuarán los jardines y las zonas verdes como el corredor de las begonias.
En la época, la ducha era una torre en madera con un tanque en
la parte superior que se llenaba con una bomba manual y de donde el agua caía por gravedad. El sanitario era una letrina.
Además, la remodelación del actual auditorio y la adecuación de las zonas de servicio y de administración valdrán 500 millones de pesos.
Historia de la casa
1.910. La familia Márquez Iguarán se radica en Aracataca.
1.912. El coronel adquiere un solar con una antigua construcción de bahareque y palma.
1.917. Se registra mediante escritura pública la compra de un solar (negociado desde 1.912) y se engloba en un solo predio.
1.936. Muere el Coronel Nicolás Márquez, a los 73 años.
1.957. Venta del predio al señor Juan Iriarte.
1.985. Venta de los herederos de Juan Iriarte a la Gobernación del Magdalena. Aún sin protocolizar.