Con la dotación necesaria de energía eléctrica, un panel solar y todas las instalaciones hidráulicas, esta vivienda acoge turistas en busca del silencio y la belleza de la región amazónica sin perder la comodidad de su hogar.
Inspirados en la arquitectura regional y luego de seis meses de trabajo con las más duras maderas nativas se logró una construcción resistente al agua y a la intemperie. Doce troncos de árbol de Cayagua -de 11 metros de largo por 1,2 de ancho- conforman la balsa que sostiene el peso total y hacen las veces de cimentación para las obras en tierra.
Ya en el primer piso, fabricado en Quinina, están el comedor, el bar, la cocina y la terraza para recibir la visita de los delfines rosados del río Amacayacú. También está el timón que dirige un experto motorista, con un equipo de posicionamiento global, sonar y radar, a los que se suma un teléfono satelital.
En la segunda planta sobresale la habitación enmarcada por grandes ventanales corredizos, donde el vidrio se cambió por una malla imperceptible que detiene los insectos, sin obstaculizar la vista sobre el mar de agua dulce que parece no tener fin. Luego está el baño, recubierto de tabletas de pizarra en la ducha, con moderno mobiliario.
Estos ambientes están rodeados por una franja de balcones 'inundados' de hamacas. Cuando la casa se pone en marcha, desde allí se ve pasar el esplendor de la selva y de quienes están en tierra.