Las montañas de la ciudad no saben de clases sociales. Muestra de ello son las lluvias de esta temporada que dejan correr el agua a raudales sin importar lo que se encuentren por delante, incluidos los estratos medios y altos que deben lidiar con problemas similares a los de los sectores populares.
El tema siempre ha estado claro para Marcela Raad, que habitó durante más de ocho años un terreno campestre de Envigado, entre las lomas de El Chocho y El Escobero, en una casa finca construida hace más de 60 años, con la solidez y el buen gusto de las típicas casaquintas de la región.
Ella sabe de las aguas que corren montaña abajo, con las que siempre convivieron procurándoles un correcto tratamiento, pero hace un mes tuvo que desalojar su vivienda porque el terreno cedió y agrietó los gruesos muros haciéndolos ver endebles y amenazando con una tragedia.
¿Hace cuatro años se empezó a mover la tierra, y ahora con el invierno el problema se incrementó y como ve, la casa ya no se puede habitar porque en cualquier momento se cae¿, advierte Raad.
Para ella, la razón de su desencuentro con la montaña tiene que ver con un condominio de lujosas casas que construyeron debajo de su propiedad. Para adelantar la obra le hicieron un corte a la loma y desde ese momento la tierra ha cobrado venganza.
El talud se desprendió, amenazando a los propietarios de las 28 casas de la unidad, por las que cada uno canceló al menos 700 millones de pesos. También afectó a siete predios más en los que sus moradores han visto cómo se agrietan los prados y ceden los muros y las columnas. Dos de ellos ya fueron evacuados por orden de las autoridades municipales.
La montaña se va desmoronando, acabando no solo con las casas, sino con tuberías de acueducto y alcantarillado, anunciando un problema mayor.
¿La preocupación fundamental en este momento es que la montaña cause una tragedia avisada desde hace tantos años¿, advierte Raad.
Para Claudia Restrepo, geóloga y vecina del sector, pasaron de habitar unos terrenos envidiados por muchos para vivir en zona de alto riesgo. Ella calcula que en su propiedad la tierra ya se ha movido 80 centímetros. ¿Lo que queda es hacer obras duras, como muros de contención y filtros¿, agrega.
Dos edificios en riesgo
Una problemática similar viven los habitantes de los conjuntos Portal de la Colina y Balcones de Belén, al occidente de Medellín, quienes conviven con un deslizamiento de la montaña desde el pasado 22 de mayo.
El problema se agudizó justo un mes después, cuando el aguacero del 22 de junio generó un desprendimiento mayor de tierra que levantó las lozas de un parqueadero y se recostó contra una de las torres.
Este segundo evento obligó a la evacuación de al menos 10 apartamentos y mantiene en alerta a los copropietarios que han recibido, como medida de mitigación de parte de los constructores, enormes plásticos con los que se protege la tierra para que no soporte más agua, mientras el Sistema Municipal de Prevención y Atención de Desastres (Simpad) determina quién es el responsable.
Así, los moradores de estos edificios de clase media están unidos con aquellos habitantes de las lomas por la zozobra que les genera el invierno y la incertidumbre de lo que será el futuro.
Una sensación cercana a la tragedia de miles de damnificados, que en barrios subnormales luchan contra la descomunal fuerza de la naturaleza, que no escucha clamores ni respeta clases sociales.