Aunque es el más admirado y deseado, también es cierto que el cuero es uno de los materiales que más dudas suscita entre sus fanáticos...
Por ello, Cecilia Bolaños, gerente de LJW y expositora de la Feria del Cuero -que finalizó ayer en Corferias-, aclara algunos mitos y ofrece pautas de cuidado para este tipo de tapizados.
No existe una tela más duradera que el cuero, lo que lo convierte en la elección perfecta cuando desea un tapizado resistente y elegante.
Hay varios tipos de cuero para muebles: el Nobuck es un cuero flor ligeramente desgastado, que otorga una suavidad similar a la felpa. Se trata con una sustancia protectora que lo hace más resistente que otros cueros teñidos con anilina.
La gamuza es parecida en apariencia y textura al nobuck pero se hace a partir del descarne.
El salvaje es un efecto de dos tonos que da como resultado una apariencia de mármol o pliegues.
Cuando el cuero se estira, la grasa o la cera se separan creando una variación del color, así se le da una apariencia deteriorada o desgastada.
Los cueros repujados son cueros de flor corregida a los que se les grabó un nuevo diseño como piel de cocodrilo o diseños florales.
Actualmente su uso se está diversificando, por lo que pasó de los muebles de sala y oficina a los cuartos de estudio e, incluso, a los de comedor.
El cuero fino es extremadamente suave y se vuelve aún más fino, flexible y brillante con el paso de los años. Es un material natural, por lo tanto 'respira'.
Esta es una ventaja pues aumenta el confort ya que es tibio en días de invierno y fresco en épocas calurosas.
Las pieles de mayor calidad se convierten en los cueros más flexibles. Los cueros pigmentados y de 'flor corregida' tienen una textura más dura.
Para mantenerlo en perfecto estado debe dársele el cuidado apropiado para cada tipo de cuero. Por ejemplo, las pieles lisas (napas) necesitan crema nutritiva, limpiadora y protectora; posteriormente se les pueden hacer retoques aplicándole tinta del color correspondiente.
A los Nobuck se les aplica limpiador en seco (que remueve el mugre) y se cepilla con un cepillo en látex para retirar la grasa y otro tipo de suciedad.
No obstante, lo más recomendable es aplicarle impermeabilizante antes de estrenarlos pues este químico repele el agua, la grasa y las manchas.
De todas maneras, el cuero es un material de mantenimiento sencillo, sólo necesita que ocasionalmente se le quite el polvo y se le pase un paño húmedo con jabón líquido suave (no alcalino y con un pH bajo). También se recomienda usar limpiadores que contengan glicerina, un ingrediente que atrae la humedad del aire y ayuda a mantener el cuero más suave.
Se puede quitar la mayoría de las marcas y raspaduras, sin mayores complicaciones. Basta con pasar una goma de borrar blanda y utilizar un cepillo de dientes suave para las grietas de la costura. Los sofás van perdiendo el brillo en las zonas de mayor roce. Una esponja con claras de huevo batidas es muy útil para recuperarlos.
Secretos de cuidado casero
El mueble debe mantenerse ventilado, aunque sin exponerlo directamente al sol o las chimeneas.
Para evitar rayarlos es mejor no usar elementos duros, como la aspiradora, en la limpieza.
Si se usan cremas es mejor seguir atentamente las instrucciones del fabricante.
En caso de derrame se debe secar inmediatamente con un paño seco y dejar que se seque al aire.
Para proteger el sofá del desgaste, se puede frotar con vaselina o lanolina.
Para sacar el polvo de los poros y mantener la humedad es conveniente pasar una gamuza humedecida en agua tibia dos veces al año.
Una mezcla en partes iguales de aceite de linaza y vinagre hervida -y una vez fría- impregna y nutre el cuero.
Agua caliente, aceite y jabón es una fórmula 'mágica' para ablandar el cuero endurecido.
Las leches, los bálsamos y las cremas faciales son útiles mantener y quitar manchas.